Historia del Colegio

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El origen del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Madrid se remonta al año 1902, cuando siete profesionales y varios estudiantes de la Escuela Superior de Artes e Industrias de Madrid decidieron crear la Sociedad Central de Aparejadores Titulares.

Aunque las primeras referencias a los aparejadores datan del siglo XV, no fue hasta 1935 cuando el Decreto de Atribuciones comenzó a reconocer su labor, estableciéndose desde entonces como obligatoria la participación de dichos profesionales en aquellas obras de arquitectura en las que ejercían como ayudante técnico.
 
Desde su inicio, el Colegio ha contribuido de manera constante al desarrollo y progreso de la profesión de aparejador, protegiendo la validez del título de cualquier vilipendio, todo ello sometiéndose siempre a los cambios legislativos pertinentes, que han terminado por conformar la institución hasta convertirla en la corporación de calidad que es actualmente.
 
Ejemplo de ello es la exigencia de visado por parte del Colegio para todos los documentos adjuntos en las licencias de obras, desde que el Ayuntamiento de Madrid lo empezara a considerar obligatorio en 1939, así como la posibilidad de colegiación que el Colegio ofertaba a estos profesionales tras conocerse la noticia de su obligatoriedad.
 
En 1940 la Sociedad Central se convierte en Colegio Profesional, integrándose junto al resto de Colegios Regionales en la Federación Nacional de Aparejadores, dentro de la Dirección General de Arquitectura.
 
Tras una Orden Ministerial en 1977, el Colegio Profesional cambia su denominación, de Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de la zona Centro a Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Madrid. Esto también implica la creación de colegios profesionales en un entorno geográfico más próximo, al dividirse todos del anterior.
 
No obstante, el momento crucial para la profesión de aparejador sucede cuando se promulgan la Ley de Atribuciones Profesionales y la Ley de Ordenación de la Edificación, en 1986 y 1999 respectivamente, pues ambas asientan la carrera y otorgan el reconocimiento de unas atribuciones para todos los titulados, configurándose desde ese preciso momento la Arquitectura Técnica como profesión autónoma e independiente, con competencias plenas.
 
En 2008, el Colegio vuelve a experimentar un cambio de denominación por Orden del Consejero de Presidencia, Justicia e Interior con el propósito de dar cabida a los nuevos graduados en Ingeniería de Edificación, fruto del proceso de convergencia europeo de Bolonia, adquiriendo el nombre del que hace gala a día de hoy, Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos, proceso al cual acompañó una adaptación de sus Estatutos.
 
En la actualidad el Colegio se enfrenta a vicisitudes como la eliminación obligatoria del visado de los proyectos y de la colegiación para realizar visados, además de a un cambio en la titulación y apertura de competencias (al poder colegiarse ahora un aparejador o profesional en cualquier Colegio de España, y no sólo en el de su CC.AA.).
 
Ante los nuevos retos que se plantean, el futuro de la propia institución y de toda la profesión tiene que dar respuesta a las necesidades asociativas de los profesionales de la Arquitectura Técnica, ha de profundizar en las raíces universitarias de la formación y en resolver los desafíos e inconvenientes que se les planteen a los nuevos titulados.
 
En su labor de sobreponerse a las actuales circunstancias, de ser más cercano y efectivo en el trato y ayudar a sus asociados, el Colegio ha tratado en los últimos años de ofrecer diferentes servicios que ayuden a todos los colegiados y permita una comunicación directa y